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Almacén Temporal Centralizado (ATC) de Residuos Nucleares
Noticias

¡Fuera de Castilla todos los basureros nucleares!


El plazo para presentar las candidaturas se ha cerrado y culmina con 8 municipios castellanos (5 en el norte y 3 en el sur) de 11 totales (Extremadura, Valencia y Cataluña) que aspiran a ser elegidos como sede a la que echar los desperdicios radiactivos que nadie quiere. Desde Castilla Joven queremos denunciar la falta de escrúpulos del Gobierno de España por aprovecharme de la paupérrima situación de muchos pueblos de Castilla, más aún en estos años de recortes derivados de la “crisis”.


Nuestro posicionamiento no va por líneas de corriente, tendencias ideológicas o ecologismo. Es por sentido común.




Nociones de energía nuclear


La energía nuclear, así como la térmica (en todas sus variantes excepto la que utiliza biomasa), se clasifica como energía no renovable, puesto que utiliza minerales (uranio, plutonio) que no se regeneran por sí solos en la naturaleza. En las centrales nucleares, el uranio y el plutonio, que se enriquecen para conseguir los isótopos más eficientes en términos energéticos, son bombardeados con neutrones (una de las tres partes fundamentales de un átomo junto con los protones y los electrones) consiguiendo la rotura del átomo y liberándose energía (que luego es transformada en energía eléctrica). Esa rotura es lo que se conoce como fisión nuclear y el resultado son (principalmente) dos átomos altamente inestables (radiactivos) y otros neutrones que provocan una reacción en cadena sobre nuevos átomos de uranio y plutonio enriquecidos. Las centrales nucleares tienen sistemas de control térmico (refrigeración con agua) y control del bombardeo (barras de grafito) que son los verdaderos sistemas de seguridad para evitar una catástrofe como la de Chernóbil (1986).



Precedentes del ámbito nuclear en España


En la década de los 50 comenzó la carrera nuclear en España, inaugurándose la Central Nuclear José Cabrera o Zorita (Castilla). La demanda eléctrica era creciente pero pasaron bastantes años hasta que la Central Nuclear de Santa María de Garoña (Castilla) comenzara a funcionar. La crisis energética de los años 70 aceleró la creación de más centrales nucleares hasta que diversos accidentes nucleares (como el de Three Mile Island en 1979) pusieron en tela de juicio el impacto que producían éstas. El Gobierno del PSOE de Felipe González sucumbió a la presión social de reducir la producción de energía nuclear, y en los años 80 se aprobó una moratoria nuclear que desembocó en la paralización de la construcción de nuevas centrales nucleares a principios de los años 90. Desde entonces, todas las centrales nucleares siguen estando operativas, excepto la de Zorita, que se clausuró en 2006.



El problema de los residuos radiactivos


Como se ha dicho antes, la energía nuclear genera átomos radiactivos a los que la tecnología actual está aún muy lejos de dar una solución para que recuperen su estabilidad y dejen de ser un peligro. Estos átomos (que todos juntos en España suman ya varios miles de toneladas) emiten radiactividad, cuyo grado de intensidad puede llegar a provocar la muerte instantáneamente. No obstante, la peligrosidad de la radiactividad es importante a dosis bajas, pues tiene la dañina capacidad de modificar el ADN de los seres vivos, es decir, actuar sobre nuestro código genético lo que luego induce a errores en el crecimiento de nuevas células (tumores) y de órganos (deformaciones), entre otras consecuencias. La radiactividad de estos átomos se emite a niveles elevados durante miles de años, por lo que la única forma de evitar sus daños es aislarlos en hormigón, un material que contiene bastante bien las emisiones radiactivas.


Los residuos radiactivos en España


La puesta en funcionamiento de la CN de Zorita llevó parejo la creación de un vertedero de sus desechos radiactivos. Así, en los años 60 y con una fuerte oposición vecinal, el Ministerio de Energía de la dictadura levanta lo que hoy denominan ATC (Almacén Temporal Centralizado) en unos antiguos terrenos estatales dedicados a la extracción de uranio en Sierra Morena. La presión vecinal consiguió que en El Cabril sólo se almacenaran los residuos radiactivos de baja intensidad, quedándose los de alta intensidad (más peligrosos) en la propia central nuclear castellana. En los años 70 y la instalación de más centrales nucleares, acabaría desbordando las previsiones de almacenaje de El Cabril; tanto es así que, pese a la negativa local a que se sigan metiendo más desechos en esa parte de Córdoba, las instalaciones fueron ampliadas para que cupieran varias miles de toneladas más. Sin embargo, el problema de los residuos radiactivos de alta intensidad no se ha resuelto nunca, y las centrales nucleares los han ido almacenando en sus propias instalaciones hasta que se han desbordado y al Estado no le ha quedado otro remedio que alquilar ATCs franceses para poder seguir produciendo energía nuclear y evitar el colapso de la demanda eléctrica estatal.



Cómo es un Almacén Temporal Centralizado (ATC)


Los ATCs no son más que unos anchos muros de hormigón (paredes, suelos y techos) con unas amplias oquedades en las que se van almacenando los residuos radiactivos previamente recubiertos de hormigón. Los ATCs pueden construirse en superficie o, si los desechos radiactivos son muy peligrosos, a varios cientos de metros de profundidad. Están diseñados para asegurar su estanqueidad (evitar la entrada de agua o la salida de líquidos radiactivos) y su estructura durante muchos años. Pero, ¿cuántos?




Mapa de Castilla en el que se muestran las instalaciones nucleares existentes (castellanas y en nuestro área de influencia) y la localización de las candidaturas presentadas para albergar el ATC. Actualizado 22-2-2010 con las candidaturas definitivas y las rechazadas.



Riesgos que se asumen con un ATC


Entendemos por riesgo a todas personas a las que podría quedar expuesta la radiactividad sin estar cerca de una central nuclear:

- Riesgo de vertido en transporte por carretera.

- Riesgo de vertido en transporte por ferrocarril.

- Riesgo en la manipulación de los desechos radiactivos (tanto en trabajadores como el suelo sobre el que se derrame el vertido).

- Riesgo de fallo de estanqueidad del ATC, contaminándose con la radiactividad acuíferos y el resto de la cuenca situada por debajo de ese acuífero.


¿Son esos riesgos reales? Pues, lamentablemente, sí. Quienes gustan de comparar España con los ejemplos de ATC en Francia u otros países europeos, deberían considerar que:


- La estabilidad política y social es mucho menor que en el resto de Europa. Hay más tendencia belicosa y estamos en un punto geoestratégico de gran valor; por lo tanto no es aconsejable tener polvorines cerca.

- La honradez de nuestros políticos e instituciones brilla por su ausencia. Cualquier desastre que pueda ocurrir en el ATC será reconocido cuando ya no haya solución más que abandonar el lugar por exceso de radiactividad.

- El ATC se sobreexplotará por falta de solidaridad territorial. Al igual que ocurre en El Cabril, una vez que el nuevo ATC se llene, al Gobierno de turno le será difícil buscar una nueva localización para otro ATC. Ante la posibilidad de generar crispación con el nuevo lugar o no dañar su imagen electoral agrandando el ya existente, ampliará lo que haga falta el que ahora va a instalar puesto que espetará: “aquí el daño ya está hecho”.

La posibilidad de movimientos sísmicos. Este factor parece olvidársenos por no haber sufrido ningún terremoto de gran magnitud en los últimos siglos, pero nos acecha. Vivimos entre 400 y 800 km del borde de la placa euroasiática y la placa africana, con cuya fricción tienen lugar los terremotos. Es un límite bastante “tranquilo” comparado con otros (Japón), pero eso no es predecible. El terremoto de Lisboa (en 1755) pudo alcanzar los 9 grados en la escala de Richter (destrucción total) y ocasionó grandes daños materiales en Castilla (de esa fecha data “el mariquelo”, quien mide la inclinación de la torre principal de la Catedral Nueva de Salamanca).



A ver a qué Tontos se la Colamos (ATC)


Nos parecen vergonzosas las formas del Gobierno y del PSOE para buscar candidatos en la localización del VRI (Vertedero Radiactivo Ilimitado). El problema de la acumulación de residuos radiactivos de alta intensidad viene siendo agonizante desde hace unos años, pero han aprovechado 2010, cuando estamos hasta el fondo sumidos en la “crisis económica”, para construir su Caballo de Troya, como única alternativa optimista. En Castilla, que no salimos de la crisis actual desde 1950 y que aún nos ha golpeado más la que a otros en 2009 la han sufrido por primera vez, sumamos pesimismo al pesimismo. Desmontemos todas las bondades sociales de acoger semejante mierda radiactiva:

- Mayores partidas presupuestarias en los ayuntamientos de la zona. ¿Para qué? En Aldeadávila de la Ribera (comarca de las Arribes del Duero) manejan cantidades de dinero elevadas gracias a la compensación que le dan las compañías hidroeléctricas y eso sólo ha servido para favorecer el caciquismo en el pueblo (enriquecimiento personal) sin favorecer a su crecimiento (véase el descenso demográfico del municipio, que de 3500 hoy no llega a 1500 vecinos). Además, una vez calmados los ánimos, el Gobierno y la empresa que gestiona el ATC (Enresa) irán disminuyendo sus partidas de compensación por el daño que producen (el alcalde del municipio donde se asienta el ATC de El Cabril lleva denunciando varios años que no están recibiendo todo lo que se les prometió).

- Mayor atracción empresarial. ¿De qué? Ninguna empresa (ajena a la energía nuclear) querrá instalarse cerca de un ATC.

- Mayores inversiones en infraestructuras. Probablemente mejorarán los accesos viales, pero, ¿suprimirán todas las travesías urbanas? Muchos pueblos serán cruzados por camiones y vagones con residuos mortales. El más mínimo accidente puede sumar en un instante otro pueblo fantasma más a la lista de los existentes ya en Castilla.

- Más fijación de población. ¿De dónde? La mayor parte de la plantilla del ATC será cualificada y tendrá que venir de fuera, por lo que se asentará en ciudades próximas y no en el medio rural. Y los lugareños que ya estén trabajando fuera, difícilmente volverán a su comarca si la oportunidad laboral que se les plantea es el manejo de residuos radiactivos. Lo podemos ver con la Central Nuclear de Garoña, cuyos trabajadores acuden a diario hasta ella desde Miranda de Ebro e incluso desde Vitoria (Vascongadas).



¿Y qué solución damos si no queremos ATC?


Desde Castilla Joven estamos convencidos de que si un ATC tuviera beneficios reales, no estaríamos hablando de un 72% de las candidaturas de municipios castellanos dispuestos a guardarse la mierda radiactiva de todo el Estado. Y nos remitimos a los hechos de la candidatura de Madrid 2016 para los Juegos Olímpicos. Ninguna sede externa a Madrid recayó en suelo castellano (0%), eligiéndose Barcelona, Córdoba, Málaga, Valencia, Mérida y Palma de Mallorca como sedes auxiliares. Y si además hablamos que, pese a todas las ventajas poblacionales, empresariales, económicas y sociales que supone un ATC, el Gobierno de España otorga 7 millones de euros anuales a los municipios más próximos, nos asalta la pregunta: ¿Por qué dar dinero para hacer un proyecto que parte con tantas supuestas ventajas? Lo que no dice el Gobierno es que esas partidas económicas son en concepto de riesgo asumido. Al igual que a los jóvenes nos cuesta el seguro de un coche más que al resto de conductores porque la estadística dice que tenemos más probabilidad de sufrir un accidente, ¿Cuál es el daño que puede producir un ATC con estos residuos altamente radiactivos, como para que el Gobierno abone 7.000.000 de euros al año como perjuicio?


Lo que habría que hacer es reducir la demanda eléctrica y el uso de centrales nucleares, pero como ni una cosa ni la otra ocurrirán a corto plazo, no se puede decir NO al ATC mientras los residuos radiactivos se acumulan en Francia con costes desorbitados.


Desde Castilla Joven ya hemos dicho alguna vez que nuestra tierra, Castilla, es autosuficiente en energía eléctrica, pero tenemos 2 centrales nucleares (Garoña y Trillo), por eso los castellanos debemos buscar una solución también a nuestros residuos. Lo que no nos parece tolerable es que nos conviertan en el estercolero de un país en el que casi todo el mundo se aprovecha de la energía nuclear (Vascongadas, Cataluña, Valencia), pero se desentiende de los residuos radiactivos que genera.

Como no es de recibo indicar hacia ningún lado, lo más lógico que vemos es que se construya un ATC lo más próximo a cada una de las centrales nucleares que ya existen. Primero porque el riesgo de radiactividad ya lo tienen en su propia casa, segundo porque es donde menos rechazo social tiene un basurero de esas características, tercero porque una vez expirado el tiempo de vida útil de las centrales nucleares, su suelo seguirá contaminado con radiactividad durante cientos de años por lo que el peligro seguirá presente y cuarto porque los municipios que ahora viven de las centrales nucleares asegurarán parte de su economía con el dinero recibido por tener el ATC cuando éstas cierren, tal y como le sucederá pronto (¡esperemos!) a la CN de Garoña y a todo el Valle de Tobalina (comarca de Las Merindades).


NO A LA ENERGÍA NUCLEAR