Un nuevo ataque hacia Castilla vino de la mano de esta empresa, en este caso contra el Bien de Interés Cultural (BIC) de La Casona en Puebla de Lillo (comarca de La Montaña Leonesa). La Junta de Castilla y León se escuda en Tragsa y Tragsa no contesta o aduce seguir directrices de la Junta.

¿Nos toman el pelo? Con La Casona de Puebla de Lillo vemos el mismo trato que el enfrentamiento que Castilla Joven tuvimos hace un año justo con la “Unión Temporal de Empresas (UTE)” Fundación Villalar-Tragsa. Indignación por lo ocurrido y el trato recibido; rabia por la incapacidad para solucionarlo; desesperación por la evasión de responsabilidad de todas las partes. El resultado es previsible y desde Castilla Joven lo adelantamos: nadie pagará por lo ocurrido en Puebla de Lillo y el BIC La Casona jamás volverá a ser lo que era.
La noticia que saltó a los medios de comunicación sobre La Casona, relata punto por punto las mismas penosas vivencias que Castilla Joven sufrimos por parte de Tragsa y la Fundación Villalar. ¡Cuidado la próxima vez que vean pulular por Castilla a Tragsa!
La desaparecida casona blasonada de Puebla de Lillo no fue desmontada piedra a piedra. Ni mucho menos. Pese a tratarse de un inmueble del siglo XVIII para cuyas obras había puesto Patrimonio reparos una y otra vez desde el año 2008, el promotor de la construcción de un hotel de cuatro estrellas con spa en el solar no sólo hizo oídos sordos a las continuas advertencias de la comisión territorial de Patrimonio, sino que atentó brutalmente contra el edificio, que literalmente arrasó con una excavadora el pasado 19 de octubre.
Las incógnitas en torno a este caso parecen infinitas, y más si se echa un vistazo a estas fotografías en que una excavadora literalmente 'se carga' el interior de la casona blasonada, aquella que supuestamente se había desmontado 'piedra a piedra' y "con extremo cuidado".

Los periodistas trataron de ponerse en contacto con el alcalde y el promotor de las obras para explicar qué hacía una excavadora de Tragsa en el interior del inmueble protegido aquel 19 de octubre, sin embargo todo intento fue infructuoso. Llama la atención que se trate de una máquina de una empresa pública que sólo actúa por encargo de la Administración. ¿Qué administración pudo encargar semejante atentado contra el patrimonio? Una tesis inconcebible.
La incógnita tampoco pudo desvelarse tras sucesivas llamadas a Tragsa. El delegado en León se negó a dar su nombre y se limitó a asegurar que "no hemos trabajado nunca en Puebla de Lillo", antes de colgar el teléfono. Desde la delegación de Madrid, el director de Relaciones Institucionales de Tragsa, Manuel Vidal, aseguró que su empresa "no tiene nada que ver" con la demolición de la casona de Lillo, y su explicación a por qué la máquina excavadora exhibía una pegatina de Tragsa su respuesta fue que "quizá esa máquina estuvo en una obra nuestra y se quedó con la pegatina".
En definitiva, las mismas mentiras que en su día nos contaron a Castilla Joven, sabiendo ellos que de esa forma evitaban poner en evidencia, primero a la mano ejecutora (Tragsa) y segundo a la mano que mece la cuna (la Junta de Castilla y León). Lamentable que lo ocurre en suelo castellano.